- Amigo, la situación no da para más -protesta Daniel- En este triángulo amoroso yo siempre llevo las de perder.-
- ¿Cómo dices? – responde Artur – ¿Acaso no eres tú el que aprovecha de ambas? ¡A cual más espléndida! Carola. tu esposa, siempre radiante, con su cuerpo escultural, su sonrisa sin reproches, su aplomo, su entrega…
- ¡Es verdad! Pero…
- ¡Déjame continuar! ¿Qué puede contarse de tu amante? Siempre dispuesta a arriesgarlo todo por tí. Deja su familia, su hogar por correr a tu lado.-
- ¡Artur! ¡Cómo se nota que tu eres un marido modelo! Nunca una aventura, nunca una falta hacia tu esposa. ¿Estás seguro que ella lo merece?
- En verdad, no sé si ella lo merece. ¡Solo soy dueño de mi vida, no la de ella! Por otro lado su carácter… pero no es de mí de quien platicamos, sino de tí y tus amantes.-
- Si supieras lo difícil que encuentro ser hombre para ambas.- ¿Qué sucede con mi esposa que está más hacendosa que nunca? Luego debo estar muy bien para que mi amante no despierte celos. ¡Ella es la que me interesa!
- Daniel, Daniel ¿Cuántas amantes has tenido en tu matrimonio?
- ¡Esto es distinto! Nunca creí enamorarme así. Te aseguro que dejaría todo por ella.-
- ¿Huirías con ella?
- ¡Mil veces! Dejaría todo por ella. Mas, he de pensar en el trabajo, en como mantener un nuevo hogar.-
- ¡Siempre he sido tu amigo! ¿Dejarías que te ayude?
- ¿Cómo?
- Aquí tienes un teléfono, Esta empresa se encuentra en una ciudad a mil kilómetros de distancia. ¡Allí puedes refugiarte con tu amante!
- ¿En verdad lo dices? ¿Sabes lo que estás haciendo?
- Creo que lo se mejor que tú. ¿Qué será de tu esposa?
- ¡Que entregue su cariño a otro! Yo solo quiero vivir para mi verdadero amor.-
- ¡Toma! ¡Llama en una hora y tendrás todo arreglado!
A eso de media jornada Daniel entra en la oficina de Artur para comunicar que está arreglado lo de su nuevo empleo. Anuncia que el martes huirá con su amante y que si algún daño causa espera que lo perdonen, que todo lo hace en nombre del amor.-
Artur le desea suerte, espera que se retire, toma calmosamente el teléfono, disca un número…
- ¿Carola? Habla Artur. Es para decirte que el martes tu marido y mi esposa huirán juntos…¡Por fin tendremos todo el tiempo para nosotros!
Te imagino. Imagino tu llegada, la sensación que produces, estremeciendo los corazones mas duros. Se que estas allí, y se que vienes a mi encuentro. Estoy sentado, aquí, esperándote. ¿serás solamente una mas? ¿o acaso la mujer fría que siempre quisiste mostrar? ¿O, tal vez, tus brazos serán calidos, anhelantes de amor?. Te espero. Hace mucho. Hoy llegaras. Lo se.
Trato de imaginarme a mi mismo también, mirándote de frente, apreciándote en toda tu belleza. Se, tú misma me lo has contado, cuanto amor necesitas. Quizás no te abrazaré en el primer instante, o me contentaré sólo con hablarte. ¿será suficiente para ti? ¿Cuáles serán tus impresiones? ¿Te quedaras conmigo, o marcharas otra vez, buscando quien te ame? Hemos
platicado muchas veces, y nuestros diálogos siempre han encerrado profundos misterios, intensas pasiones. Hoy, te espero.
Y dime ¿a quien esperas tu encontrar? ¿me has visto? ¿me has imaginado
siquiera? ¿o acaso, estas charlas a la distancia no han alcanzado para formarte la idea de quien quiere ser tu amante? Creo que al fin lo descubriré en cuanto te mire a los ojos, y ese es un misterio que me impulsa a aguardarte mas ansiosamente. Mi vaso se ha vaciado, la gente entra y sale del bar, y en cada una de las personas, trato de descubrirte. Porque, mi bella desconocida, creo
que al fin he empezado a amarte.
Cuando vislumbro un uniforme, sospecho que estás llegando a mi lado, y cuando el disparo suena, yo sonrío para recibirte.
Y te escribo porque yo también he sido niño, y he jugado a ser un hombre de a ratitos, besos a escondidas después de merendar. Y ambos conocemos el destino de las cartas escritas entre física e historia, con el fino papiro de una hoja arrancada de la carpeta. Yo sé… tú sabes…Ella simplemente cometió un error. A él lo dejaron solo. Ella aún lo llora, y él, simplemente se resigna. Ella lo extraña. Él aún la espera. Ambos miran para el costado, cuando ven pasar a otros. No quieren que su pena se haga patente.
Ella estaba sola, él también, en el momento en que se cruzaron.
Ninguno recuerda quién dijo la primera palabra, ni cuál fue la primera respuesta. No hay registros de quién fue el primero en tomar las manos del otro… ni quién provocó la primera risa. Tampoco saben cuál de los dos dijo las primeras palabras de amor, pronunciadas entre dientes y casi por compromiso. Él la llevó al sofá, y ella se dejó llevar.
Él buscaba en ella a la mujer que lo había dejado atrás. Ella, enmendar su error. Los dos, en el paróximo, supieron que, si estaban juntos, la soledad sería menos intensa… casi soportable. Lágrimas de gozo y arrepentimiento humedecieron las mejillas de ella. Las mandíbulas de él se encajaron, en un ultimo gesto de resignación.
Extenuados, se tendieron uno junto al otro. Él encendió un cigarrillo y ella le acarició el rostro. Tabaco y penas dieron el toque de amargura al último beso.
Él se estremeció cuando la oyó hablar.
-Mi amor…-la voz sonaba temblorosa- no volvamos a discutir, ¿sí?
Tú no estás. Busco tu sombra en los rincones, tu presencia en mi cuarto. No te encuentro. Tú, sencillamente, no estás.
Invoco el recuerdo de tus negros ojos, tus pechos firmes y tu corazón dorado. Me asomo a mi ventana, viendo sin ver, apresurados transeúntes anónimos. Motores rugientes de automóviles sin origen y sin destino aparente. Unos niños osan aturdir con sus risas el espacio gris.
Ante la algarabía, cierro mis ojos. Tú no estás, pero el mundo sigue su curso. El sol ha vuelto a salir, aunque ya ese hecho no tenga ningún sentido para mí. La alegría (niños ¡Callaos!) aún existe, por más que a mí se me haya escapado. Una pareja camina, tomados ambos de la mano, conversando en su mundo, mil y un temas triviales. Sigo la mirada de ella. ¿Sabes? Lo mira a él, de la misma forma en que tú me mirabas a mí. Los hombres no lloran, pero, en este momento, todo lo que siento se traduce en una la lágrima mal reprimida, que me roza la mejilla. Por un momento, miro caer la amarga gota raudamente, hasta estrellarse entre mis zapatos. Sin ti, vida, me siento solo…
Desperté húmedo en mi sudor… Inconscientemente palpo la almohada, en busca de tus oscuros cabellos. Mis dedos tropiezan con un trozo de papel, tu perfume aún emana de el.
Lo beso suavemente, y, con el, sintiéndote, retomo mi descanso.
La misiva se escapa de mis dedos, dejando ver algunas letras de su contenido.
Un Adiós en el suelo, y yo… yo sigo soñando que tu no estas















